Sueños, ideas nocturnas, deseos ocultos. Cuando uno cierra los ojos, reposa su cabeza y no sabe con lo que va a soñar. La noche transcurre tranquila, hasta que las primeras imágenes modifican el rostro, aparecen a veces palabras oscuras. Producimos historias y hasta películas que no resistimos, el miedo nos invade y nuestro frágil pero creativo inconsciente, huye hacia el conciente. Abrimos los ojos, revisamos que estamos en nuestras camas y como una piedra cae en el suelo, recostamos la cabeza y continuamos durmiendo, procurando que el despertador, suene más tarde.
A la mayoría de los actores de mis sueños ya los conozco, personas de mi entrono y mi pasado. Los paisajes suelen ser creados por el cerebro de donde saca los colores.
Los recuerdos nunca fueron tan nítidos como los sueños que recuerdo, nunca ocurrieron, pero los vi perfectamente.
Algunas veces tengo dudas, no sé si los sueños fueron solo sueños o si realmente ocurrieron.
También, en varias ocasiones de la vida hubiese preferido despertar y descubrir que solo fueron un sueño. Todo eso para poder así pasar como sorbo de agua fresca.
En otras, me encuentro conversando con mi alma, ella me dice que esto ya va a pasar, fuerzo los ojos para intentar despertar, ello no cambia la imagen que tengo frente a mi.
En la noche oscura escondido en el silencio, esperando que algo me llame. Dejando volar el pensamiento, me veía caminando una siesta calurosa de verano. Esos días en que uno esquiva los rayos del sol por la vereda de la sombra. Árboles, grillas de mosaicos, sombras entrecortadas. ¿ A donde iba? No lo recuerdo, la zona era conocida, lo sé por la forma despreocupada del caminar, el suave vaivén de mi cuello y mi mirada curiosa en encontrar formas en los mosaicos de distintos colores. Crucé una calle y continué, sin saber, que a pocos metros, te iba a encontrar. Ahí, de casualidad, salías de la casa de una amiga. En el instante el cual la puerta se cerraba, te vi. Con alegría y cara de sorpresa, nos saludamos.
Pero yo, ya no estaba ahí, es mas nunca me había ocurrido, yo permanecía en el mismo rincón.
Un parpadeo más y recordé que no es la primera vez que te encuentro en el laberinto de mis pensamientos. Fugazmente recordé otras pero apenas llegaba a verte, te desvanecías, el lugar pasaba al olvido y nuevamente tu rostro me miraba fijo al comenzar a borrarse. Claro, es difícil encontrarlo recuerdos de la imaginación. Esta sucesión de escenas inconclusas llegó a su fin. Fue el momento que te descubrí en el recuerdo. Esta vez, no te desvaneciste. Me esperabas junto a aquella mesa. Me acerqué y nos pusimos a charlar casi cualquier tema, unos más profundos que otros. Yo cada tanto, dejaba una frase inconclusa, luego de un silencio, la conversación continuaba. Esos silencios no eran por falta de ideas o dudas. Yo buscaba contarte algo más. Sacarme de esa situación. No saben lo incómodo que me sentía, un hormigueo en el cuerpo perturbaba la tranquilidad de la noche, mis manos sudaban. Buscaba problemas, uno suele saber cuando ciertos comentarios, conllevan a disgustos. Pueden imaginar que es lo que no debí decir, ni siquiera el día de hoy me animo a contar.
jueves, 17 de enero de 2008
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