LA PRIMERA
Lo que voy a contarles ahora, no debería ser escrito, no debería ser comentado, pero gracias a que estoy seguro de que ustedes me desconocen, mi historia, pasara como una historia más de ficción, como esas que ven en televisión. Simplemente, dos amigos, un hombre y una mujer, que se conocían de años, decidieron salir a comer algo, luego de una llamada por teléfono que daba cuenta de mucho tiempo sin verse, esa inevitable necesidad de las amistades de verse y estar al día para mantenerse viva y fresca. La pasé a buscar, y una amiga que vive con ella, me abrió la puerta apresurada acompañada de un bolso. Me saludó con un Hola gentil y dejo escapar una cara de decepción al verme. Mi mirada de desconcierto la llevo a explicarme que estaba esperando un Taxi, para que la llevara a la terminal, en ese instante una bocina interrumpe la charla.
-Chau, pasa, está en el baño terminando de arreglarse. Dijo ella.
Entré al departamento, cerré la puerta después de que el taxi se retirara, y saludé con un –Hola. Potente, para que advirtiera de mi llegada. Las paredes parecieron contestarme - Ahí voy, dijo ella.
No les dije el nombre de ella, bueno ella es Clara, Clarita para los amigos de la secundaría.
Nos saludamos y charlamos de lo más mundano, estudios, clima, y de las novedades que teníamos de los amigos comunes.
Salimos a cenar, a uno de esos restaurantes modernos, donde la comida es extranjera, la música es centroamericana y la gente se queda viendo adornos orientales. Nos sentamos en esas incomodas mesas altas, y bancos redondos los que son mas parecidos a los de la barra de cualquier bar porteño y causaban que nuestras rodillas se tocaran ligeramente. Comimos Chop Suey con pollo, acompañado por un vino blanco bien argento. Los recuerdos apilados, y nuestras miradas fijas y atentas, cambiaron la atmósfera inicial por otra llena de emoción y un poco mas tensa. Desnudamos afecto y compartimos historias de parejas disueltas, errores y rechazos. Yo me sonroje al prestarle atención a sus ojos celestes y trate de desviar mi mirada solicitándole a la moza la cuenta. Eran las 3 de la mañana cuando partimos y en silencio emprendimos el viaje de regreso.
La acompañé a su puerta, y mientras introducía la llave me invito a pasar, para tomar una café. Se reanudo un dialogo calmo. Y mientras esperábamos en el living que se caliente el agua, comparamos nuestras impresiones sobre el restaurante y la comida. El silbido de la pava nos levanto acelerados y corrimos a la cocina. Ella preparo el café y pregunto por el azúcar, luego de ponerle 2 cucharadas me lo entrego en la mano. Ahí fue el comienzo, nuestras yemas se tocaron en la manijita del jarro de café, nos miramos profundamente, y con la mano izquierda retire de nuestras manos el jarro, a las yemas sumaron a nuestros dedos, y luego las palmas. Su silencio me comentó que yo debía continuar.
Todo estaba por estallar, la arrimé contra la mesada avanzando sobre sus pasos. Una última mirada y un beso que empezó suave y finalizó con un fuerte apretón de labios. Ella se subió a la mesada y abriendo sus piernas suavemente, me dejo abalanzarme sobre su pecho. Abrazos caricias y amor, lo que se pueden imaginar.
Una furia, un regalo y un desquite. Con mucho respeto y afecto, terminamos de compensar las faltas de amores ajenos. Una sonrisa nos encontró soñando hasta que llegó la luz del amanecer. La mañana se vino con una vieja sensación. Silencio, junto a una despedida cordial. Esa fue la última vez, que la vi.
Ahora casi 40 años mas tarde, con dos divorcios a cuestas, 3 hijos mayores, la recuerdo. Recuerdo esa excelente mujer, bella y sincera, justo lo que yo buscaba, pero no veía por tenerla desde siempre frente a mí. Frunzo el seño, bajo la cabeza e imagino, que hubiese pasado si aquella mañana le hubiese dicho, que la llamaba la semana siguiente.
LA SEGUNDA
Me encuentro con vos, son casi las 2 de la mañana de un sábado cualquiera. Es muy tarde para comenzar algo nuevo, es muy temprano para pelear. Entonces, ¿qué haremos? ¿Qué vamos a encontrar en esta noche?
Es fácil, en el momento que nos vemos, el silencio nos domina, el saludo, está en la mirada, la conversación también, nos conocemos demasiado. Demoremos un segundo mas esa mirada que anticipa un fuerte abrazo. Permanezcamos inmóviles un segundo. ¿Qué nos decimos?
Dejamos de caminar a nuestro encuentro, frente a frente, nos detenemos en el mismo instante, extendemos nuestras manos hasta acariciarnos y miramos el fondo de nuestros ojos, te guardo contra mi pecho en un fuerte abrazo. No sé si quiero protegerte del mundo que te rodea, no sé si es que te quiero cerca mío, si busco compañía. Otra noche cambiada, otro café que nos pone al día, y otra mañana comienza la cuenta regresiva, para que otra noche, te devuelva a mis brazos. No te preocupes, en mis brazos, ya estas.
jueves, 17 de enero de 2008
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